Image credit: © Gregory Fisher-Imagn Images

Traducido por Miguel Boada Nájera

¿Por qué ahora? Es una pregunta válida. El Contrato Colectivo de Trabajo expirará dentro de tres meses. Todavía queda un mes de la temporada regular. Entonces, ¿por qué ponerse pesimista justo en este momento?

Bueno, creo que el próximo mes vamos a estar enfocados en la carrera a la postemporada y en ver cuántos equipos de la Liga Americana con récord perdedor pueden clasificar a playoffs. El siguiente mes será ese torneo. Entonces, en noviembre, la gente comenzará a escribir sobre el sombrío panorama de la próxima temporada. En diciembre, una vez que el paro laboral inicie, todos empezarán a escribir sobre eso. Y cuando se cancelen los juegos de entrenamientos de primavera, lo harán con todos y hasta con su hermana, además del delegado sindical de su trabajo. Así que me estoy saltando la fila sin distraer a nadie de la apasionante batalla por el tercer boleto de Comodín de la Liga Americana.

Y estoy preocupado. Por muchas razones, prefiero no tomar vacaciones en el verano y una de ellas son los juegos de beisbol. Pero le he dicho a mi esposa que cualquier cosa hasta finales de mayo del próximo año está disponible (ya tengo un mes de julio bastante ocupado).

Voy a hacer una lista de las razones de mi pesimismo, pero primero, permítanme reconocer mis sesgos. Primero, como ya he dejado claro, no compro el casus belli del próximo conflicto laboral, es decir, la supuesta falta de balance competitivo. No creo que eso vaya a influir en mi juicio pero ustedes pueden decidirlo por sí mismos. Segundo, como ya he escrito en el pasado, realicé mi carrera en Wall Street. Por lo tanto, no me identifico ni siento antipatía alguna hacia los sindicatos del sector privado ni hacia los multimillonarios (que, por cierto, no son la mayoría de los dueños; lo mismo aplica para los que tienen fortunas de cientos de millones).

Aquí están las razones por las que estoy preocupado.

1. Lo inevitable

Nunca he participado en una negociación laboral pero tengo que creer que no es habitual que la parte patronal llegue a ella declarando su afinidad por los cierres patronales, como lo ha hecho el representante de los dueños. El actual Contrato Colectivo de Trabajo expira el 1 de diciembre. Me sorprendería mucho si el cierre patronal no comienza ese día a medianoche.

La pregunta que me preocupa es: ¿cuánto durará? Como recordarán, el cierre patronal del 2022 retrasó el inicio de los campamentos primaverales y de la temporada regular, pero los ajustes al calendario permitieron que aun así tuviéramos una temporada de 162 juegos. Si esta vez sucede lo mismo, la mayoría de la gente–con excepción de los hoteleros y restauranteros de Arizona y Florida, los comisionados de las ligas de fantasía que intentan fijar la fecha de su draft y los vendedores de la Guía de Pretemporada más vendida–se encogerán de hombros.

Pero parece que ya se están haciendo planes ante la posibilidad de perder al menos parte de la temporada. La muestra es de apenas uno y todo eso, pero Joe Jacob, copropietario de los Golden State Warriors y uno de los grupos que pujaron por la compra de los Padres, reveló que su grupo de inversionistas asumió que no habrá temporada 2027. Ya sea que esa información la hayan obtenido de los dueños salientes, de alguna otra fuente de la industria o que lo asumieron ellos, está claro que la suposición automática no es que el próximo año tendremos un calendario completo de juegos. Podríamos tenerlos–y espero que así sea–pero al menos algunas partes ya se están preparando para que no ocurra.

2. Los argumentos en contra que no se sostienen

Perder una parte o toda la próxima temporada obviamente sería malo para el deporte. Y hay razones específicas por las que sería malo en este momento. Pero quizá no lo suficiente.

El legado de Rob Manfred. Digan lo que quieran del representante de los dueños pero ningún conflicto laboral ha provocado que se pierdan juegos durante su gestión. (Se podría argumentar que se debieron tener más juegos en 2020, y no discutiría con ustedes, pero esa no fue una situación entre trabajadores y patrones.) Ahora que se acerca su retiro en 2029, seguramente le gustaría mantener intacto ese récord.

El problema es que no depende de él. Recuerdo que, en algún momento durante las negociaciones durante la pandemia en 2020 o durante el paro laboral en 2022, escribí algo en el sentido de que creía que él podía ser un obstáculo para alcanzar la solución. Mike Ferrin, coanfitrión del excelente show de SiriuxXM, Power Alley, me escribió para señalarme que estaba equivocado. Manfred no es el líder de los dueños; es su representante. Si quieren borrar la próxima temporada del calendario, es prerrogativa de ellos.

El daño al deporte. El beisbol ha estado en ascenso. Los dos recientes cambios importantes a las reglas, el reloj de pitcheo y el ABS, han sido bien recibidos. La asistencia subió en 2023 y de nuevo en 2024, cuando todos los equipos jugaron en estadios de Grandes Ligas, y otra vez en 2025, cuando dos de ellos no lo hicieron, y esa tendencia positiva se mantiene para este año. Las personas nacidas después de la administración de Reagan se están convirtiendo en fans. ¿Por qué poner todo eso en riesgo?

Porque es posible minimizar ese riesgo. Verás, el beisbol estaba viviendo un gran momento en 1993, y entonces llegó la huelga en 1994-95. La asistencia por juego era de 30,965 en 1993. Fue hasta 2006 cuando se volvió a acercar a ese nivel.

Pero las finanzas de los equipos no dependen únicamente de las asistencias. Los ingresos por derechos de transmisión y mercancías se dispararon, y todos los dueños que no fueran unos bufones o que no hubieran sido víctimas del esquema Ponzi salieron bien librados. Recuerden, los dueños están en esto por el aprecio al valor de su inversión, no por el flujo de efectivo de un año a otro.

Y los actuales propietarios tienen tiempo para que esas inversiones se revaloricen. Aunque apenas una mayoría muy pequeña de ellos–17–tienen 70 años o más, solo cinco son octogenarios. Los propietarios de los Guardians, Tigers, Twins, Cubs, Reds, Cardinals, y Rockies ya pasaron a nuevas generaciones, y los nuevos dueños de los Rays y Padres ni siquiera llegan a los 55 años. Pueden estar en el juego por un largo tiempo.

Los contratos de televisión. Los contratos nacionales con NBC, ESPN y Netflix expiran después de la temporada 2028. La Liga tiene que devolver dinero a las cadenas si se pierden juegos. Si el número de juegos perdidos supera cierto umbral, los términos de los contratos actuales se renovarán por un año más, lo que le costaría a MLB cualquier incremento que de otro modo pudiera negociar. Y esas negociaciones serán más difíciles, porque las cadenas tendrán que rellenar los espacios de su programación que queden vacíos. Los anunciantes, que valoran los deportes en vivo precisamente porque no pueden verse con retraso, muy probablemente pagarán menos por la programación de reemplazo. Las cadenas intentarán recuperar los ingresos perdidos. De manera similar, los medios locales no pagarán si no hay juegos, lo que perjudicaría el flujo de efectivo de los equipos, particularmente de aquellos que también son propietarios de sus propias cadenas deportivas regionales.

Pero veámoslo desde la perspectiva de los dueños. Si finalmente pueden conseguir su Santo Grial: un tope salarial, todo lo demás pasa a segundo plano. Pueden decirles con toda credibilidad a las cadenas que, una vez ganada esa batalla, los demás asuntos entre trabajadores y patrones son menores. Perdón por 2027, pero podemos estar realmente seguros de que algo así no volverá a ocurrir durante mucho tiempo. Y, nuevamente, los dueños están jugando a largo plazo, concentrados en sus inversiones.

Continuaré con mis dudas en el siguiente artículo, a ser publicado mañana en este espacio.

Thank you for reading

This is a free article. If you enjoyed it, consider subscribing to Baseball Prospectus. Subscriptions support ongoing public baseball research and analysis in an increasingly proprietary environment.

Subscribe now