Image credit: © Kirby Lee-Imagn Images
Traducido por José M. Hernández Lagunes
En el artículo publicado ayer, presenté dos razones por las que me preocupa que un paro laboral pueda poner en peligro la temporada 2027 de las Grandes Ligas. Primero, mencioné la aparente inevitabilidad de un cierre patronal, indicios de que los dueños están dispuestos a perder partidos y, segundo, mi escepticismo ante la idea de que la calma prevalecerá. Aquí presentaré un par de motivos más de preocupación, pero terminaré, cautelosamente, con una nota de esperanza.
3. La comunicación con el público
Recientemente fui invitado al excelente programa de Vince Genarro en SiriusXM (ni siquiera me dan una suscripción gratuita por estas recomendaciones), Baseball SABR Style. Fuera de antena, hablamos sobre las perspectivas de estas negociaciones. Vince y yo tenemos la edad suficiente para haber vivido todos los paros laborales. (Bueno, no me refiero a la huelga de un día de los Tigres en 1912. Me refiero a todas las huelgas de la era de la MLBPA). Ninguno de los dos recuerda la cantidad de comunicados de prensa contradictorios de la MLB y el sindicato, y mucho menos los anuncios que la MLB emitía en sus transmisiones.
La razón de la reticencia en el pasado es obvia: ni tú (a menos que seas propietario o jugador) ni yo tenemos voz en esta disputa. No votamos sobre el contrato final. Y, para ser francos, nuestras opiniones son irrelevantes. Como ha señalado Rob Neyer, durante la mayor parte de su historia, tanto los medios deportivos como la opinión pública se opusieron firmemente a la MLBPA. No les importaba. Sus negociaciones no eran con los aficionados, sino con los propietarios. Y lo mismo ocurre con los propietarios.
Ahora bien, puede que existan razones benévolas para las campañas de relaciones públicas. Ambas partes podrían simplemente querer el apoyo del público y los medios con la esperanza de persuadir a la otra parte para que adopte sus puntos de vista. Muchos de los propietarios viven y participan activamente en las comunidades donde operan sus equipos, y no quieren recibir miradas de desaprobación cuando van al club de yates. Quizás. Pero no es difícil vislumbrar objetivos más siniestros.
Para ser justos, el Sindicato de Jugadores inició todo esto con su propuesta pública del 27 de mayo. Pero los dueños han lanzado una avalancha de propuestas (algunas serias, aunque utópicas; otras ridículas), además de la mencionada campaña publicitaria. ¿Con qué fin?
Suavizar la opinión pública. El año pasado, MLB Trade Rumors realizó una encuesta en la que una clara mayoría de los encuestados apoyó un tope salarial y la mitad dijo estar dispuesta a perder la temporada 2027 para conseguirlo. Una vez más, los aficionados no tienen voz ni voto en las negociaciones, pero cualquier daño causado por la pérdida parcial o total de la próxima temporada se vería mitigado si los aficionados creyeran que vale la pena el precio. Se pensaría que promover las ventajas de un tope salarial limitaría el daño.
(Un amigo mío cree que la MLB quiere una Serie Mundial entre los Dodgers y los Yankees, porque los aficionados al béisbol en 48 estados, y en gran parte de los otros dos, pensarían: “Cualquier cosa que impida que esto vuelva a suceder vale la pena”).
Apuntando a los jugadores. Perder una gran parte de la temporada 2027 sería un fastidio para Juan Soto y Aaron Judge, pero no es como si fuera a significar que van a comprar en una tienda de raya. Para los jugadores bajo control del equipo—la gran mayoría de los jugadores en las plantillas de la MLB—es una historia diferente. Digamos que eres un novato este año, esperando con ansias tu segunda temporada en 2027. Estás ganando un buen dinero para tus estándares o los míos (el mínimo de la MLB este año es de $780,000), así que tal vez pagaste la hipoteca de tus padres, te compraste un condominio de lujo y te compraste esa Cayenne GTS que has estado mirando durante años. Tal vez te casaste o formaste una familia. Con un cierre patronal, tienes obligaciones financieras y no tienes dinero para pagarlas. Realmente no confías en los dueños, pero estos anuncios parecen razonables; ¿acaso no todos odian a los Dodgers? ¿Qué tiene de malo limitar los salarios de las grandes estrellas si eso implica elevar el salario mínimo para el resto (que no es lo que se propone, pero síganme la corriente)?
Recuerda que en 2022, el subcomité ejecutivo de la MLBPA recomendó unánimemente no ratificar el Contrato Colectivo, pero los representantes de los equipos votaron a favor, 26-4. Los jugadores de base no siempre se pliegan a la opinión general. La estrategia de la MLB podría estar buscando precisamente ese resultado.
Apuntando a Washington. Quizás el objetivo de la campaña publicitaria de los dueños sean los legisladores de este país. Al Congreso y a los presidentes les encanta inmiscuirse en asuntos sobre los que no tienen poder real, en parte porque ayuda a que la gente olvide que no hacen nada respecto a aquello sobre lo que sí tienen poder. (El 4 de enero de 1995, miembros del Congreso presentaron cinco proyectos de ley para poner fin a la huelga de béisbol. No lo consiguieron).
Mira, yo evito la política. Así que, en lugar de decir algo más burdo de lo que ya he dicho, te remito al análisis de mi colega Daniel Epstein sobre el potencial de la injerencia política en una huelga prolongada. Y cabe destacar que el desenlace de la huelga de 1994-1995 fue resultado de las acciones de la Junta Nacional de Relaciones Laborales bajo una administración demócrata.
4. Los bolsillos llenos
Según informes, el Sindicato de Jugadores tiene $415 millones de dólares en reserva en caso de un cierre patronal prolongado. Se dice que los dueños han reservado $2 mil millones. Hagamos algunos cálculos: $415 millones/780 jugadores en las plantillas activas de la MLB
(Permíteme reiterar que, en muchos casos, los propietarios no pueden simplemente inyectar más dinero en su equipo para cubrir las pérdidas. Esto no es como en un equipo de fantasía, donde se gasta el presupuesto para agentes libres en un valiente intento por terminar sextos en lugar de séptimos. Un propietario individual como Steve Cohen, de los Mets, claro, no tiene que preocuparse por cuánto dinero pierde con el equipo (y se nota). Pero si los propietarios tienen otros socios, los acuerdos operativos de sus clubes pueden contener cláusulas antidilución. Estas impiden que cualquier propietario invierta más dinero en el negocio, aumentando así su participación, si los demás propietarios no dan su consentimiento, ya que la participación de estos últimos disminuiría).
Los propietarios tienen a su disposición dos fuentes de capital que la MLBPA y sus miembros no tienen. (Podemos agradecer a los documentos financieros presentados ante la Comisión de Bolsa y Valores por Atlanta Braves Holdings, empresa que cotiza en bolsa, por esta información).
En primer lugar, la MLB ha negociado tasas de interés favorables para los clubes, respaldadas por las finanzas conjuntas de los 30 equipos, en lugar de las de cada uno individualmente. Los equipos pueden solicitar préstamos de hasta $150 millones a una tasa de interés del 4.85%, vigente al 30 de junio. El préstamo es reembolsable en cualquier momento. Multiplicando esta cifra por 30, la MLB puede ayudar a sus equipos a afrontar pérdidas de ingresos por un total de $4,500 millones a una tasa de interés inferior a la del mercado.
En segundo lugar, los 30 equipos contribuyen por igual y tienen el mismo acceso a Baseball Endowment Partners, L.P. (BELP), un fondo de inversión. Al 30 de junio, los 30 equipos habían aportado un total de $1,350 millones al fondo. No se dispone de información detallada, pero es razonable suponer que el fondo de inversión tiene un valor de mercado actual de varios miles de millones de dólares.
En igualdad de condiciones, los equipos preferirían no tener que solicitar préstamos ni liquidar parte de su inversión en BELP. Un cierre patronal prolongado no representa una situación de igualdad. La realidad es que la patronal en esta negociación tiene muchos más recursos económicos que los trabajadores, incluso antes de que estos últimos tengan que desembolsar su propio dinero. Si las negociaciones del convenio colectivo se prolongan innecesariamente, los dueños pueden esperar mucho más que los jugadores.
5. Unas palabras con esperanza.
La MLB quiere un tope salarial. El sindicato no. Ahí radica el punto muerto. Sin embargo, como ya he escrito, un tope (y un mínimo) por sí solo no resolverá la desigualdad de ingresos entre los clubes. Para ello, se necesita una distribución mucho más equitativa de los ingresos entre los equipos. Las transmisiones de la NFL son nacionales, y los ingresos nacionales se reparten entre los clubes, lo que permite a los de mercados más pequeños generar ingresos por medios similares a los de los equipos de grandes mercados. El béisbol, con sus acuerdos televisivos principalmente locales, carece de esta ventaja. La proporción entre los ingresos anuales por transmisión local de los equipos más altos y más bajos es, aproximadamente 10 veces mayor (los Dodgers, $334 millones, no todos sujetos al reparto de ingresos actual de la MLB, en comparación con varios equipos estimados en alrededor de $30-$40 millones), mucho mayor que la proporción entre las nóminas más altas y más bajas (4.7, Mets frente a Guardianes). Una distribución de ingresos más equitativa ayudaría a abordar esta disparidad.
Tanto la MLB como el Sindicato de Jugadores han propuesto un reparto integral de los ingresos por derechos de transmisión locales. Esto reduciría significativamente la brecha de ingresos entre los equipos de Nueva York y Los Ángeles en comparación con los de Florida y el Medio Oeste. Quitar dinero a los Dodgers y Yankees y dárselo a los Marlins y Twins limitaría el despilfarro de los primeros (a menos que estén dispuestos a incurrir en pérdidas, lo cual es prácticamente imposible) y proporcionaría a los segundos más fondos para fichar a jugadores más caros (a menos que decidan quedarse con el dinero, algo relativamente fácil de evitar). Un sistema así probablemente reduciría las disparidades salariales que pretende solucionar el tope salarial. Los propietarios podrían considerarlo un experimento y posponer el tema del tope salarial, mucho más controvertido, hasta el próximo convenio colectivo, sin que afecte a la renovación de los contratos de televisión nacionales.
Sin embargo, esto presupone que la MLB realmente cree que existe un problema de equilibrio competitivo que abordar, en lugar de un problema de no percibir las mismas valoraciones que la NFL y la NBA. La disposición a aceptar un mayor reparto de ingresos demostrará ese compromiso. Y, tal vez, salven la temporada. Ya veremos qué deciden.
Thank you for reading
This is a free article. If you enjoyed it, consider subscribing to Baseball Prospectus. Subscriptions support ongoing public baseball research and analysis in an increasingly proprietary environment.


