Image credit: © Kyle Ross-Imagn Images
Traducido por Pepe Latorre
PHILADELPHIA, PA— Hace aproximadamente una década Sam Miller escribió una columna que me viene a la mente con frecuencia (y a la que he hecho referencia anteriormente en mi trabajo). Era un experimento mental sobre a quiénes considerarías los mejores jugadores si no tuvieras estadísticas. Mencionó a muchos jugadores, pero al final la mayoría de las conclusiones apuntaban a Mike Trout, porque independientemente del método que se utilizara para determinar al mejor jugador de la época, casi siempre se llegaba a Mike Trout.
Hace unos meses escribí una columna donde anunciaba la muerte del scouting a pie de campo. Mucha gente del sector me dijo, en privado, que había dado en el clavo. Otros muchos, en público, me insultaron o me acusaron de ser un mal evaluador, o cosas por el estilo. Muchos de estos últimos padecían lo que yo llamaría el síndrome de “LEE LA COLUMNA, Sr. Penechico”, es decir, muchos empezaron a defender el scouting en vivo en entornos con poca información. Ya saben, precisamente donde yo decía que tenía valor.
Y aún así el domingo salí de casa antes de las 7 de la mañana para ir a la meca absoluta del scouting en vivo: el Juego de las Futuras Estrellas. Esta misma semana, pero en unos días, hablaré sobre mis impresiones acerca de este formato, pero es innegable que es la mayor concentración de talento joven del béisbol que se da en un año concreto. Todos los bateadores practican bateo y la mayoría también fildea. La mayoría de los lanzadores tienen la oportunidad de desplegar sus mejores lanzamientos durante una entrada. Toda la acción del juego se desarrolla en un estadio de las Grandes Ligas, con la pelota de las Grandes Ligas, monitoreada por las cámaras Hawkeye de las Grandes Ligas. Si el scouting en vivo tiene algún valor, es aquí.
Durante unas horas dejé de lado mi análisis y olvidé todo lo que sabía sobre béisbol. Observé a varias docenas de los mejores novatos del béisbol practicar bateo en un campo de las Grandes Ligas. En la década de 2010, cuando comencé a evaluar novatos, este era el período de dos horas más importante del año para la evaluación de peloteros. La mayoría de los medios especializados en novatos estaban allí, y la distancia y la frecuencia con la que un jugador podía sacar la pelota del estadio en un campo real determinaban si las proyecciones de poder eran ciertas o no.
Hice, mentalmente, la prueba de Sam Miller: si no supiera nada sobre los antecedentes de los peloteros, si no conociera los indicadores clave de rendimiento, si ni siquiera supiera el reverso del cromo de béisbol, ¿quién pensaría que es el mejor prospecto aquí? Y la respuesta fue increíblemente clara y sencilla. Era Walker Jenkins.
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Walker Jenkins es un excelente novato. Fue la quinta selección en la clase de 2023, que rebosaba talento. En el pasado lo hemos clasificado como el quinto mejor prospecto de las Menores. Su valor actual ha disminuido, pero no drásticamente. Ocupaba el puesto 19 al inicio de la temporada y probablemente estará entre los 10 primeros del próximo Top 50 de novatos de mitad de temporada. Aproximadamente.
Las apariencias engañan. Me engañaron en 2017, cuando intenté sacar conclusiones sobre Estevan Florial en un solo juego para tener una idea más completa del jugador. Apenas llegó a debutar en las Grandes Ligas. Me engañaron en 2021, cuando vi la mejor semana de la carrera de Brett Baty en ligas menores y me convencí de que era una superestrella. Es un titular de segunda división.
Jenkins tiene, sin duda, el aspecto de ser el mejor novato del béisbol, y ahí es donde empieza la mentira. Es un chico grande y fuerte, con la complexión de un atleta de élite. Tiene uno de esos swings de zurdo estéticamente agradables, justo el tipo de swing que la gente tiende a sobrevalorar. Completó una excelente práctica de bateo, llenando las gradas del Citizens Bank con impresionantes homers que salen disparados más lejos de lo que uno esperaría. Algunos datos lo confirman, por ejemplo, ha mantenido tasas de contacto y bases por bolas top desde el día en que fue drafteado.
Y todo eso está muy bien. Excepto que aquí hay otra información relevante: aparte de haber pasado por rehabilitación, no ha superado el .500 de slugging en ningún nivel desde su año de draft. Su potencia finalmente ha mejorado este año, está corriendo a 106.6 mph en el percentil 90, lo que es la primera vez en su carrera profesional que muestra una potencia bruta superior, pero eso es solo en una muestra de 38 juegos. Lo que nos sugiere otro problema: Jenkins sigue lesionándose. Cuando consiga completar una temporada profesional de 90 juegos será la primera, y puede que tampoco sea este año. Todo eso también importa.
Jenkins es realmente bueno. También lo es Rainiel Rodríguez, el jugador de la Liga Nacional que mejor lució en la jaula de bateo. Jesús Made, Leo De Vries y Eli Willits prácticamente no demostraron nada en la práctica de bateo, y son prospectos mucho mejores. Una práctica antes del partido no cambia nada.
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Un par de observaciones más sobre el Juego de las Futuras Estrellas que son más relevantes para nuestras evaluaciones futuras. La práctica de bateo más impresionante de todo el evento no fue la de Jenkins, sino la del prometedor prospecto de los Cubs, Josiah Hartshorn, quien conectó casi todos los batazos que vio. Su mecánica de swing es bastante peculiar, y tiene un seguimiento abrupto que compararía más con el swing de golf de Arnold Palmer que con el de cualquier pelotero. A pesar de este swing peculiar, Hartshorn ha estado registrando impresionantes tasas de contacto en las Menores, y no veo que esta peculiaridad le cause problemas más adelante. Si el timing le funciona, le funciona.
El novato más impresionante a nivel general fue Seth Hernandez, quien mantuvo sus lanzamientos entre las 99 y las 100 mph y alcanzó las 101. Statcast registró todos sus lanzamientos como la misma recta, y si no se observa con atención, se puede tener la impresión de que lanzaba rectas con el mismo movimiento horizontal y vertical (llamadas dead zone fastballs en inglés original), pero creo que en realidad había dos rectas distintas. Hubo varias rectas IVB de 16-18 pulgadas con 9-11 pulgadas de movimiento, y luego un grupo separado de rectas IVB de 11-14 pulgadas con 14-15 pulgadas de movimiento. Creo que es mucho más justo clasificar este último grupo como una sinker, lo que significa que en realidad no se trata de una dead zone fastball. Su cambio lució increíble las tres veces que lo lanzó, y los perfiles de movimiento de sus lanzamientos quebrados son excelentes. Estos datos son lo más valioso que obtuvimos en todo el Juego de las Futuras Estrellas, porque confirman lo buenos que son sus perfiles de movimiento en un escenario de las Mayores. Pero bueno, ya sabíamos que era el mejor prospecto de pitcheo del béisbol.
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