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Traducido por Miguel Boada Nájera
Básicamente, existen tres maneras de dominar a un bateador. De hecho hay más formas pero puedes resumir todo en tres vías: alejarlo del barril del bat; engañarlo con un pitcheo inesperado o uno con el que no sea capaz batear; o haciendo que el swing pase por arriba o por abajo de la pelota gracias al movimiento vertical del pitcheo. Lograr al menos una de las anteriores en algún pitcheo y le estás dando posibilidades a tus compañeros de poder dominar al bateador. Si consigues dos o incluso tres de ellas y probablemente inducirás que abanique sin pegarle a la pelota. Con un poco de trabajo extra puedes lograr outs atacando la zona de strike consiguiendo acumular outs cantados, pero el beisbol básicamente se mueve con pitcheos a los que el bateador abanica, y cuando un bateador abanica, tú–el pitcher, que estamos utilizando en este ejercicio–debes esperar haber logrado provocar un mal swing en al menos una de esas dimensiones.
Afortunadamente, la data de Statcast que muestra el momento del swing y la distancia en que fallan esas abanicadas nos permite tener una manera sencilla de medir esa habilidad. Para cualquier filósofo del pitcheo, un principio fundamental es tirar strikes, y esta información no muestra si lo lograste o no, pero sí podemos decir exactamente con cuánta frecuencia un pitcher logra sacar el contacto del barril del bat (usualmente con un movimiento horizontal, ya sea en términos absolutos o en relación con lo que el bateador esperaba ver dentro del arsenal con el que cuenta el lanzador y la secuencia de lanzamientos que vio previamente); altera el timing, como Warren Spahn siempre insistía que debía ser la prioridad de cualquier as del montículo; o cambiándole lo suficiente el plano visual para que la pelota pase arriba o abajo del swing. Una vez que recopilé esa información, me pregunté: ¿No podríamos utilizar esos datos para determinar qué tan bien un pitcher combina esas habilidades? ¿Podríamos decir, con cierta confianza, qué pitchers son los que mejor alteran el swing de sus rivales?
Sin embargo, eso no es tan sencillo como una tabla de estadísticas con los líderes. Por ejemplo, Huascar Brazobán de los Mets es el mejor lanzador en la Liga en sacar el contacto del barril del bat. Creé una estadística indexada para cada una de estas habilidades, donde 100 se presenta como el promedio y cifras por arriba de ese número es mejor, cada índice refleja el porcentaje aproximado por el cual el pitcher supera o se queda debajo de la línea promedio de la Liga. El Off Barrel+ de Brazobán es un impresionante 146. Pero esa habilidad de alejarse del barril del bat presenta una desventaja, sacrifica las diferenciales verticales que están enfocadas en que un bateador hace swing a un pitcheo y falla. El Change Eye Levels+ (Cambio del plano visual del bateador plus) es un horrible 84, y también está por debajo del promedio cuando se trata de afectar el timing del bateador.
Por otro lado, no todos los errores de los bateadores tienen el mismo valor. Es mucho más valioso ser efectivo en inducir que los bateadores golpeen la pelota con la punta del bat, porque eso produce más swings fallidos que inducirlos a pegarle a la pelota con el mango del madero. Es ligeramente más valioso llevar al bateador a que se adelante al pitcheo a que saque tarde el bat aunque por una razón diferente: en la mayoría de ocasiones, cuando un bateador hace un swing antes de tiempo son engañados de una forma que también lo hará fallar en la ubicación del contacto, ya sea horizontal o verticalmente. Si tardan en abanicar es que fueron vencidos por una recta con la que pierden el punto exacto donde deben hacer contacto con la pelota–siendo suficiente para evitar un contacto sólido con la pelota, que no necesariamente significa provocar un swing fallido, e incluso evitar la amenaza de un buen contacto. De igual forma, es mucho más valioso inducir a que el bateador haga un swing por sobre la pelota que por debajo. Esta última situación sí ayuda a reducir el riesgo de permitir un pitcheo golpeado con el barril estando en balance, ya que es preferible hacer que el bateador haga contacto en la parte superior de la pelota o que su swing pase por encima de la pelota. Eso va a producir rolas y también va a llevar a que los pitcheos secundarios engañen a los bateadores llevándolos a hacer swings que pasan sobre la pelota.
Brazobán tiene una proporción promedio entre las pelotas bateadas con la punta del bat con las bateadas con el mango del bat. El hecho de que solo destaque en esa habilidad–y no de la manera más productiva possible–hace que, en conjunto, no sea un lanzador muy sobresaliente para alterar los swings de los rivales. También es un gran ejemplo de cómo sacar el contacto del barril del bat para poder trabajar por encima o por debajo del bat pueden entrar en conflict entre sí. Su arsenal carece de un lanzamiento que genere una gran separación vertical. Cuenta con un buen par de pitcheos que se mueven hacia el lado de su brazo de lanzar, el sinker y el cambio, pero eso lo obliga a conformarse con sacar el contacto del barril, con lo que no puede cumplir con sus otros dos objetivos. Si algún equipo le hace cambiar la manera de tomar la pelota o el lugar donde la suelta le permitiría lanzar con más frecuencia sus rectas de cuatro costuras, y así podría obtener más swings fallidos. Sin embargo, también aumentaría la cantidad de contactos sólidos, porque la recta sería más franca e impactaría con mayor frecuencia en el barril del bat.
Y por esa razón no quise detenerme únicamente en Off Barrel+, Upset Timing o Changed Eye Levels+. También desarrollé una estadística indexada en la que están incorporadas esas tres habilidades, pero con diferentes pesos–lo que permitirá reflejar que afectar el timing puede lograrse sin que necesariamente afecte a las otras dos categorías, aunque las otras dos pueden competir una con la otra en ciertas situaciones–además de factores de ajuste que consideran la dirección preferable de los errores que suelen cometer los bateadores dentro de cada categoría. Eso lo llamaremos Swing Disrruption+, o en español, Irrupción+ del swing. Aquí tenenos la lista de líderes, entrando al domingo:
Bueno en realidad esta no es la Gran Teoría Unificada del Pitcheo. La tabla de líderes nos deja claro eso. Aunque, siendo sinceros, no pretendíamos que lo fuera. Después de todo, esta métrica no toma en cuenta la capacidad de un pitcher para evitar las bases por bolas ni para acumular strikes cantados. Simplemente intenta capturar lo que un lanzador hace para manipular y neutralizer el swing de bateador. Aun así, resulta muy alentador ver que la correlación entre Swing Disruption+ y DRA- es -0.43. Ahí existe una relación real entre ambas métricas. Entre mejor es el Swing Disruption+, mejores probabilidades tendrá de registrar un DRA más bajo.
Algunos valores atípicos -Barlow es el ejemplo más evidente- distorsionan la muestra pero aún se puede extraer información valiosa. Los 20 mejores pitchers de esta temporada según el Swing Disruption+ tienen un DRA- promedio de 84, los 20 peores tienen un DRA- promedio de 116.
Me gusta esta métrica como una nueva forma de expresar (y por extensión, de comprender), las complejas interacciones de habilidades que se presentan en el repertorio de los pitchers. Nos permite identificar lo que frena a un pitcher como Barlow (sí, el principal problema es que no puede lanzar strikes pero también tiene un Change Eye Levels de apenas 72+; consigue casi todos sus swings fallidos haciendo que los bateadores adelanten su swing y conecten con la punta del bat pero cuando no los engaña le dan batazos fuertes), pero de igual manera también nos permite apreciar de mejor manera la grandeza de Cristopher Sánchez, quien tiene:
- El 4to mejor Off Barrel+ de las Ligas Mayores con 142, y tiene una de las mejores proporciones de pelotas conectadas con la punta del bat en comparación con las que son golpeadas con la etiqueta.
- Un sólido 113 en Upset Timing+, y
- Un discreto Changed Eye Levels+ de 95, compensado en gran medida por la segunda proporción más alta de la Liga de swings sobre la pelota respecto a swings por debajo; produciendo
- Un excelente 116 en Swing Disruption+.
Dylan Lee, relevista de los Braves, está haciendo una temporada excepcional con 1.60 de ERA y una sorprendente tasa de ponches. Parte del mérito es la forma en que está atacando la zona de strike, pero eso ha sido possible porque tiene completamente desconcertados a los bateadores. Con un 133 en Off Barrel+, un extraordinario 152 en Upset Timing+ y un 113 en Changed Eye Levels+, se ha convertido en uno de los jugadores más completos cuando se trata de desorientar los swings de los rivales.
Por supuesto, Mason Miller es la estrella del show. Así como encabeza la estadísticas aparentemente simple de distancia por la que se falla el swing en Baseball Savant, es líder cómodamente en Swing Disruption+, y la razón va mucho más allá de su devastador slider, que es capaz de hacer quedar en ridículo a cualquiera que está esperando una recta, esos lanzamientos pueden desviarse del bat (140 OB+) con su movimiento puro, explosivo y engañoso. Es Miller con el mejor CEL+, en 157, y el único pitcher justo a su lado es Erik Sabrowski, de Cleveland, cuyo perfil se basa casi exclusivamente en generar extremos de movimiento vertical. El OB+ de Sabrowski de 67 es el caro precio que paga por su 156 en CEL+, y debido a que también está por debajo del promedio para inducir swings fuera de tiempo, depende extremadamente en poner sus pitcheos en la parte alta y baja de la zona para poder sacar provecho de la gran diferencia entre sus pitcheos.
Lanzar es infinitamente complejo. Nunca lo podremos resolver totalmente desde un punto de vista científico, y esto ni siquiera se acerca a conseguirlo. Sin embargo, nos da una nueva perspectiva sobre toda esa complejidad. Con datos de cómo interactúan los bats con la pelota a este nivel de detalle, finalmente podemos identificar qué lanzadores complican más (o lamentablemente, facilitan) que los bateadores tengan contactos de calidad. Contar con algunas cifras útiles para poder expresar esas habilidades es útil, aunque se asemejen más a estadísticas de juguete que a modelos robustos.
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