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Traducido por Marco Gámez

Hace dos semanas, MLB propuso una serie de cambios bastante radicales a la estructura actual de adquisición de jugadores amateurs. La semana pasada, aquí en BP, Marc Normandin cubrió las implicaciones, pero quiero centrarme más en los aspectos prácticos para el proceso de selección; qué efecto tendría realmente en sus trayectorias de desarrollo obligar a los jugadores de preparatoria a asistir a la universidad durante dos años comparadas con las de aquellos que hoy en día firman contratos al terminar la educación media-superior, que es el punto fundamental de la nueva propuesta, según informó ESPN.

El grupo principal de jugadores para ser seleccionados bajo el nuevo sistema propuesto por MLB en 2026 estaría compuesto por aquellos nacidos entre el 1 de septiembre de 2005 y el 1 de septiembre de 2006; para ser elegible, habría que tener 20 años cumplidos al 1 de septiembre. Pero, además, sería necesario haber terminado la educación media-superior hace dos años; en la práctica, esto retrasaría un año a algunos de los jugadores de mayor edad que actualmente son seleccionados directamente desde las preparatorias. Por ejemplo, Seth Hernández, un prospecto de pitcheo de élite a nivel mundial y uno de los primeros escogidos en el draft de 2025, habría sido elegible según esta nueva estructura de draft este año por su edad, pero su elegibilidad se habría pospuesto hasta 2027 debido a la regla de graduación de la prepa. ¿Y el concepto de elegibilidad basado estrictamente en la edad que existe actualmente? Desaparecería por completo. Básicamente, este grupo incluiría a los jugadores que terminaron la prepa en 2024 y a los futuros universitarios elegibles en 2027; los mayores beneficiados serían los mejores prospectos universitarios elegibles para 2027, como Brendan Lawson y Dax Whitney (aunque Whitney está lesionado actualmente, así que tal vez no sea el caso).

Solo un jugador nacido dentro de esas edades ha llegado ya a las Grandes Ligas, pero es un caso excepcional: Konnor Griffin, quien sería elegible para ser seleccionado este año bajo este nuevo formato. Por supuesto, Griffin ya ha jugado más de 50 partidos en Grandes Ligas, ha tenido un desempeño bastante bueno y ha firmado un contrato de nueve cifras. Bajo este nuevo formato, habría sido la elección número uno indiscutible, una apuesta segura y espectacular, y tal vez habría llegado a Grandes Ligas en menos de un año, como a veces hacen los mejores jugadores de posición universitarios; aun así, eso habría retrasado su llegada unos 200 juegos.

Travis Sawchik, en un artículo publicado la semana pasada en el portal digital oficial de MLB, sugirió que el hecho de que Griffin hubiera brillado durante dos años en el béisbol universitario con la Universidad Estatal de Louisiana habría sido algo positivo para la estructura del beisbol; y que principalmente, beneficiaría a este deporte, a los jugadores, al béisbol universitario y a los profesionales si todos pasaran un par de años en la universidad. Y creo que, si solo se utilizan ejemplos como los de Griffin o Kevin McGonigle, jugadores que arrasaron en las ligas menores tan rápido que, obviamente, habrían sido superestrellas universitarias inmediatas al nivel de Dylan Crews, es posible defender esa postura. Claro que Crews aún no se ha convertido en una estrella en Grandes Ligas y tal vez le habría ido mejor bateando con madera en ligas menores que destrozando lanzamientos de calidad inferior a la profesional con bates de aluminio.

El principal problema conceptual es que a los coaches del béisbol universitario no se les paga por desarrollar prospectos, sino por ganar partidos y campeonatos. Tomemos el caso de Theo Gillen, quien figuraría entre los mejores candidatos para ser seleccionado en el segundo puesto general del proceso de selección en 2026… siempre y cuando cualquier jugador de secundaria de la promoción de 2024 evolucionara en la universidad durante dos años exactamente igual a como lo haría en sus dos primeras temporadas como profesional.

Cuando aún estaba en secundaria, Gillen se comprometió con Texas, uno de los mejores programas universitarios del país. Jim Schlossnagle, quien fue contratado para dirigir al equipo justo cuando Gillen habría iniciado su temporada de novato, es un coach sumamente exitoso. Es muy probable que no hubiera alineado a Gillen a diario durante su primer año, ya que su trabajo consiste en ganar juegos de beisbol universitario bajo las reglas de esa categoría; de hecho, un jugador que registró un slugging de .387 en el nivel clase A-baja tal vez no habría rendido bien en la Conferencia del Sureste. En esencia, todo prospecto adolescente importante bajo contrato recibe tiempo de juego completo en el profesionalismo (siempre que esté sano), mientras que, en el ámbito universitario, si no tienen el nivel suficiente para ser titulares, corren el riesgo de quedar relegados al banquillo.

Además, simplemente no hay tantas oportunidades de jugar, ni siquiera para quienes sí son alineados regularmente. Un jugador universitario titular en todos los encuentros de un equipo que llega lejos en la postemporada y que batea en la parte alta del orden podría alcanzar un máximo de 350 apariciones al plato; la mayoría de las principales promesas universitarias rondan las 270-290. Eso es la mitad de la actividad en juegos oficiales que se obtendría en una temporada competitiva de ligas menores. Es cierto que existen los programas de otoño y las ligas de verano con bates de madera, pero en el ámbito profesional, los partidos oficiales se complementan con los entrenamientos de primavera y los programas de instrucción especializada. Incluso si se considera que la calidad del juego y de la instrucción a nivel universitario está a la par y yo diría que, si bien un puñado muy reducido de universidades como Wake Forest supera a unas pocas organizaciones profesionales como los Angels en este aspecto, se trata de casos excepcionales en ambos bandos, simplemente hay menos oportunidades para jugar. Por muy profesional que parezca el deporte universitario en la era de la remuneración por el uso de su nombre, imagen y aceptación (NIL, por sus siglas en inglés), en términos generales, sus programas aún no alcanzan el nivel de calidad del profesionalismo.

Por otro lado, mientras que algunos de los mejores bateadores del país podrían no disponer de tiempo de juego suficiente, algunos de los mejores lanzadores podrían estar siendo sobreexplotados. Ryan Sloan figuraría entre las mejores promesas del pitcheo en un hipotético draft de jugadores que, de haber seguido la vía universitaria, estarían cursando su segundo año en 2026. Habría ido a Wake Forest y tal vez habría tenido un desempeño tan bueno como el de Chris Levonas, o incluso tan destacado como el que realmente tuvo en el sistema de los Mariners. Sin embargo, en el profesionalismo se le ha gestionado con extrema cautela hasta ahora: su próxima apertura de 80 lanzamientos será la primera de ese tipo, y aún no se ha enfrentado a más de 23 bateadores; son cifras que apenas ha empezado a superar este año. Wake Forest es sumamente cautelosa con sus lanzadores para ser un programa universitario, y aun así Levonas realizó seis aperturas este año con entre 90 y 100 lanzamientos. Y aunque los días de actuaciones de más de 140 lanzamientos parecen ser mayormente cosa del pasado, a veces se sigue exigiendo mucho a los lanzadores para ganar campeonatos; Kade Anderson tuvo dos salidas el año pasado superando los 130 lanzamientos y 11 por encima de los 100.

Se podría seguir citando nombres para ilustrar este tema. ¿Habría logrado Caleb Bonemer esos avances tan notables en su poder de bateo? ¿Habría apostado Miami tan fuerte por Johnny King, considerando sus problemas de otorgar bases por bolas? ¿Se habría desvanecido Nate George en el anonimato para acabar siendo simplemente un estudiante universitario más?

Al béisbol universitario le va muy bien. Los jugadores que no están preparados para la exigencia del béisbol profesional, o que simplemente desean vivir la experiencia universitaria, pueden optar por la universidad bajo el sistema actual. Todo esto parece una solución en busca de un problema. O, al menos, un problema para alguien que no sean los propietarios de los equipos, preocupados porque Konnor Griffin reciba demasiado dinero o porque Gunnar Henderson llegue a la agencia libre demasiado pronto.

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