Image credit: © Kyle Ross-Imagn Images

Traducido por Pepe Latorre

Kyle Schwarber siempre ha sido una anomalía. Ahora podemos afirmar, con la certeza otorga su reciente dominio, que la primera mitad de su carrera se redujo a una serie de decepciones en la que se intercalaron momentos de brillantez. Elegido en la cuarta posición del draft de 2014, debutó apenas un año después, con 22 años. Fue una pieza clave de los sorprendentes Cubs de 2015, aunque es cierto que fue uno de sus compañeros de equipo el quien acaparó toda la atención en la votación al Novato del Año. Su temporada regular de 2016 duró solo dos partidos antes de que una extraña colisión en el jardín le rompiera el cruzado anterior y lateral, aunque regresó para una actuación heroica en la Serie Mundial. En las temporadas siguientes sus esperanzas de ser un receptor se esfumaron y la negativa de la Liga Nacional de adoptar el bateador designado significó que sus ausencias en el lineup fueran mucho más frecuentes de lo esperado para un jugador que nunca pisó la lista de lesionados entre 2017 y 2020, aunque Schwarber siempre ha tenido una relación tortuosa con el guante.

La incapacidad del entonces jardinero para mejorar su rendimiento ofensivo tras su año de novato, con un OPS de .803 en 266 juegos en las dos temporadas posteriores al campeonato de los Cubs, no necesariamente obligó a su inclusión en la alineación. Puede que tuviera algo de mala suerte (según un DRC+ de 116 para el mismo período), pero el resultado fue una decepción en cualquier caso. La temporada 2019 fue su mejor y más completa actuación hasta la fecha, con 3.1 WARP, 38 homers y un OPS de .870 en 155 juegos. Al llegar a su último año con Chicago, Schwarber no había cumplido con las enormes expectativas ofensivas que mostró en sus días de novato, pero tenía la oportunidad de causar una impresión, y ganar dinero. Luego llegó 2020. Probablemente lo peor que le pasó a cualquier pelotero en el campo ese año fue el promedio de bateo de .188 de Schwarber. Tras ser rechazado por los Cubs, Schwarber llegó a la agencia libre con un contrato de un año y $10 millones de dólares para demostrar su valía, y lo hizo a la perfección en 2021, conectando 32 cuadrangulares entre dos equipos y una lesión. Los Phillies le llamaron y Schwarber nunca miró para atrás.

Schwarber no cambió mucho en su camino hacia el segundo puesto en la votación para el MVP el año pasado, en lo que habría sido su último año con los Phillies, de no haber renovado el diciembre pasado con un contrato de cinco años que aumentó su salario anual en más del 50%. El jugador de 33 años permanecerá en el club hasta 2030, un período que se extenderá hasta su tercera década en la Liga y que, con toda probabilidad, incluirá su bambinazo número 500. Esto puede parecer sorprendente, dado que solo tres toleteros se han unido al club de los 500 desde 2010, y cada uno de ellos está en el Salón de la Fama o pronto lo estará. Si Schwarber formará parte de esa conversación o será el primer (o segundo) miembro del grupo de 28 jugadores sin sospecha de dopaje que no sea elegido, está fuera del alcance de esta discusión, así que solo diré que con uno o dos años más al ritmo que lleva ahora, Schwarber hará que la pregunta parezca mucho menos descabellada.

Para ser claros, Schwarber ha sido un pelotero diferente desde 2021. Basta con mirar su diferencial de OPS de 60 puntos en ese segmento de más de cinco temporadas de su carrera en comparación con la etapa anterior. Pero el hecho de que en períodos de tiempo aproximadamente iguales Schwarber haya conectado más del doble de home runs (248 frente a 121) exige una explicación. Él sí atribuye a su tiempo en Washington el cambio de rumbo en su carrera, lo que le permitió “limpiar” las cosas en la caja de bateo, pero en cuanto a su enfoque no ha habido diferencias tan apreciables. Schwarber está llegando a conteos un poco más profundos, pero hablamos de turnos de unos 10 lanzamientos; está conectando más homers, a una tasa del 6.9% desde 2021 en comparación con el 5.7% anterior, pero eso se traduce en un diferencial de seis home runs por cada 600 apariciones al plato. Está recibiendo más bases por bolas, pero también se está ponchando con mayor frecuencia, aunque su relación ponches-pasaportes ha mejorado ligeramente. Las velocidades de salida siguen siendo altísimas y el ángulo de lanzamiento ha sido ligeramente mayor, lo que ofrece algunos lineazos y elevados más (y más de esos elevados que pasan por encima de la cerca).

Nada de esto sugiere necesariamente que un jugador que nunca fue seleccionado para un equipo del All-Star en sus seis años con los Cubs haya alcanzado un nivel lo suficientemente alto como para obtener votos para el MVP en cada una de sus cuatro temporadas con Philadelphia, y un segundo puesto el año pasado. Y parte de esto es obvio: Schwarber nunca conectó 40 cuadrangulares como Cachorro, y mucho menos los 56 que conectó el año pasado y que está en camino de repetir. Su última temporada completa con los Cubs, 2019, también fue la única en la que pudo jugar todos los días, y fue, con mucho, la más exitosa de sus tres esfuerzos de este tipo. Muchos de los problemas que los fanáticos de los Cubs tenían con Schwarber siguen presentes en su juego: se poncha muchísimo, nunca tendrá un promedio de bateo alto y realmente no debería estar en el campo por un período prolongado de tiempo, y con esto me refiero al tiempo que le toma trotar hasta allí.

En el juego moderno, sin embargo, hemos aceptado cada uno de esos defectos, incluso los hemos abrazado. El promedio de bateo de .188 de Schwarber en la temporada 2020, acortada por el COVID, fue la causa de una controversia significativa para una franquicia que quería empezar de cero. Tan solo tres años después, Schwarber terminó una campaña de 160 juegos en Philadelphia con un promedio de bateo de .197 y terminó con votos para el MVP. Un OPS de 116 puntos ofrece información adicional sobre esa situación, pero el hecho es que Schwarber fue esencialmente el mismo jugador para los Cubs en 2019 que para los Phillies en 2023. Chicago ha sido duramente criticado por su miopía, pero es un mérito de Philadelphia (y de los entrenadores de bateo de Washington en 2020) identificar y cultivar un talento que siempre ha rozado lo generacional. Por ejemplo, consideremos la lista de los 25 jugadores de la MLB que han registrado la mayor cantidad de cuadrangulares en cualquier período de cuatro años:

Año Jugador HR
1996-1999 Mark McGwire 245
1998-2001 Sammy Sosa 243
1999-2002 Sammy Sosa 226
1997-2000 Mark McGwire 225
1995-1998 Mark McGwire 219
1997-2000 Sammy Sosa 215
2000-2003 Barry Bonds 213
2022-2025 Aaron Judge 210
2001-2004 Barry Bonds 209
1996-1999 Ken Griffey Jr. 209
1927-1930 Babe Ruth 209
1926-1929 Babe Ruth 207
1996-1999 Sammy Sosa 205
2000-2003 Sammy Sosa 203
1999-2002 Barry Bonds 202
1997-2000 Ken Griffey Jr. 200
2006-2009 Ryan Howard 198
2000-2003 Alex Rodriguez 197
1998-2001 Mark McGwire 196
2021-2024 Aaron Judge 196
1928-1931 Babe Ruth 195
1998-2001 Barry Bonds 193
2001-2004 Alex Rodriguez 192
1999-2002 Alex Rodriguez 192
1947-1950 Ralph Kiner 192
2022-2025 Kyle Schwarber 187
2023-2026 Kyle Schwarber 171

Esta es una lista bastante convincente de los mejores toleteros de la Liga de todos los tiempos cuando estaban en su prime. Schwarber aún no ha entrado, y necesitaría 21 homers para unirse. Eso no es particularmente difícil para un jugador que conectó 29 en la primera mitad, lo que lo coloca ligeramente por delante de los 56 con los que lideró la liga el año pasado. La acumulación incansable de homers, por cierto, es la razón por la que estoy convencido de que tiene asegurados los 500. Más allá de su año perdido en 2016, Schwarber nunca ha conectado menos de 32 bambinazos en una temporada, y hacerlo durante el resto de su contrato lo colocaría en 497 incluso sin un solo homer en lo que queda de esta temporada. Está un poco por debajo del ritmo de WARP de 5.8 del año pasado, pero es difícil negar que Kyle Schwarber sigue mejorando. Es más difícil responder si hay margen para que eso continúe, pero los Phillies están más que satisfechos con el bateador de poder que tienen ahora, sea cual sea el primer dígito de su promedio de bateo.

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